Emocionante es el día en el que te llaman para concretar una entrevista hasta que te hacen la siguiente pregunta: ¿dónde te ves a vos mismo en 5 años? No tenés del todo claro lo que vas a hacer mañana, por lo que, dentro de cinco años, mucho menos.  Es una de las clásicas preguntas donde muchos candidatos caen y no se los vuelve a ver.  Las dudas existen, pero hay que camuflarlas dentro de un discurso convincente y mostrando una seguridad que ni creés que tenés. Pero la tenés. 

Si NO querés ser contratado 

Cuando el entrevistador te hace esta pregunta, se te pasarán por la cabeza un millón de respuestas, pero ninguna acertada.  En un principio, querrás contestar: “ascendiendo”, “en un gran puesto”, “trabajando para mí”, “fuera de mi empresa actual”, “aprovechando una oportunidad mucho mejor en cualquier parte del mundo”. Sos libre de pensar lo que quieras, pero será mejor que no pronuncies en voz alta respuestas como éstas porque no harán que empieces el lunes, ni el martes ni el mes que viene... Ninguna muestra compromiso, y eso es precisamente lo que buscan. Sea por el tiempo que sea, quieren empleados comprometidos que crean en lo que hacen y aporten. 

Imágen de candidatos esperando entrevista

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Si querés ser contratado 

No hay una fórmula precisa, la decisión del reclutador dependerá también de tus habilidades sociales y de si lo que pone en tu CV es verdad. Pero tenemos buenas noticias.  Para contestar a esta pregunta, lo mejor es detenerse, analizar la pregunta, y ser honesto manteniendo los pies en la tierra. Pensalo bien. La vida es impredecible y ni el que te pregunta sabe dónde se encontrará él mismo en cinco años, así que lo ideal es contestar relatando los objetivos y ambiciones de tal manera que el entrevistador no tenga motivos para preocuparse durante el tiempo que dures en la empresa.   

Centrá tu respuesta en unas expectativas realistas de lo que podría ofrecerte tu carrera en el futuro y reflexioná sobre si el puesto de trabajo para el que estás postulando sigue la misma línea que tu carrera y tus metas profesionales. 

Un ejemplo general de respuesta podría ser el siguiente: “estoy realmente entusiasmado por el puesto de consultor en vuestra empresa porque en cinco años, estoy seguro de que tendré unos conocimientos mucho más profundos y amplios acerca de este sector y sé que es algo que sólo podría logar a través de mi experiencia con vosotros. En los próximos años, me gustaría ir tomando, poco a poco, mayores responsabilidades y, ¿por qué no? dirigir incluso algunos proyectos.  Si tengo la suerte de trabajar junto a los mejores, estoy seguro de que puedo convertirme en uno de ellos más adelante. Y eso es lo que realmente me motiva.” 

Este sería el mejor de los casos en el que la empresa te encanta, el puesto te gusta y querés incorporarte ya. ¿Qué pasa si ese puesto en concreto no es el punto de partida perfecto para alcanzar tus aspiraciones profesionales? No pasa nada si te dejás llevar por la sinceridad y declarás que no sabes dónde te imaginás a vos mismo ni qué te deparará el futuro realmente… Pero no te olvides que la experiencia te ayudará a descubrirlo. 

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