El estrés es una constante en la vida de muchas personas. A veces nos damos cuenta de cómo nos invade y otras no; a veces se convierte en un caso crónico y otras, es puntual; pero de lo que no hay duda es que es una de las enfermedades del siglo XXI y cada vez afecta a más personas desde una edad más joven. Por eso hoy entrevistamos a Conceição Espada, especialista en la gestión del estrés, para reflexionar y analizar con ella el origen de este problema y, sobre todo, cómo controlarlo. 

¿Qué es el estrés y cómo nos afecta?

El estrés es la capacidad que tiene el ser vivo para contestar a un estímulo externo (sea positivo o negativo). Cuando recibimos este estímulo, el cerebro emite una respuesta que hace que las hormonas del estrés, como el cortisol o la adrenalina, se pongan en movimiento en la sangre provocando un estado de tensión y de alerta para poder contestar. 

Los efectos del estrés pueden variar de persona en persona, y no hay una respuesta clara sobre cómo y por qué nos afecta de manera diferente. Depende mucho de la personalidad, de las experiencias o de la historia vital. 

En general, el estrés puede afectar a nivel físico, emocional y psicológico; impactando en nosotros y en las relaciones con otras personas. Por ejemplo, algunas de las consecuencias más habituales son el dolor físico, la pérdida del autoestima y motivación o la tendencia a la irritabilidad. 

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¿Qué tipos de estrés existen? 

Según sus características y su impacto, el estrés puede ser positivo o negativo. Porque sí, también hay estrés positivo; todos necesitamos tener una dosis de estrés para vivir nuestras vidas y reaccionar ante distintas situaciones. 

Según su origen, el estrés puede ser profesional, emocional o psicológico: 

  • El estrés profesional es el provocado por sobrecarga de horarios y tareas, falta de motivación, mala relación con los compañeros, presión de la competencia, los deadlines ajustados, objetivos muy elevados o por miedo a no ser competente. Por otro lado, es innegable que hay determinadas profesiones mucho más propensas a generar estrés, como: los servicios de urgencias, consultores, comerciales, periodistas, reporteros, controladores aéreos o el sector bancario. 

Uno de los principales efectos de este tipo de estrés es el Burnout profesional: cansancio total de la mente, por exceso de presión y trabajo. De hecho, los estudios elaborados por la OMS constatan que la mayor parte del absentismo es debido a este tipo de estrés. 

  • El estrés emocional puede ser provocado por un acontecimiento a nivel personal, familiar (el fallecimiento de un ser querido, un divorcio o separación, problemas con hijos, etc.) A veces, el estrés emocional puede surgir después de un tiempo y no inmediatamente tras el acontecimiento. 
     
  • El estrés psicológico es un cúmulo de situaciones que llevan a alguien al punto de agotamiento mental y psicológico, causando dificultad de concentración, falta de memoria, ansiedad, miedos o pánicos, entre otros. 

¿Cómo podemos prevenir, combatir y gestionar el estrés? 

La gestión del estrés consiste en aprender a lidiar con situaciones absolutamente normales que forman parte de nuestras vidas, pero que, si no se gestionan bien, pueden ocasionar efectos muy negativos en nuestro bienestar. Es crucial ser conscientes y constantes para que no se cronifique y se convierta en una patología. Por ello, a continuación, detallo algunas medidas que ayudarán a gestionar nuestras sensaciones de manera mucho más efectiva: 

  • Analizá cómo es tu vida. Es fundamental conocer cómo distribuimos el tiempo y cómo lo invertimos en el trabajo, el ocio, nuestro descanso o la salud. Es muy importante analizar si nuestros hábitos son saludables y cómo nos relacionamos con el mundo y con nosotros mismos. 
     
  • Reconocé que tenés estrés. Para prevenirlo, hay que saber cuáles son nuestros propios límites, detectar cuándo y por qué nos estresamos y, sobre todo, saber cuándo deja de ser algo puntual y empezamos a sufrirlo de forma continua. 
     
  • Practicá Mindfulness. Aunque es un término de moda que parece ya despojado de significado; el Mindfulness nos ayuda a ser conscientes y estar presentes en cada instante, con todos los sentidos, tanto físicos como mentales. Su práctica permite adquirir una conciencia constante de todo lo que estamos haciendo y, sobre todo, aprender a vivir el presente sin pensar en lo que ya ha pasado o preocuparnos por lo que queda por venir. 

Finalmente, no sientas miedo por ir a un especialista. Ellos te ayudarán a gestionar mejor las emociones, poner distancia y a darles la importancia que se merecen. Estás a un paso de conseguir el equilibrio, convertirte en una persona más sana y, sobre todo: a ser más feliz. 

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